Duelo: la pérdida de un ser querido

por | 24 febrero, 2015

dueloFreud (1917) describió el “trabajo de duelo” como un proceso intrapsíquico en el que la persona retira su interés del mundo exterior para elaborar una despedida. El duelo es la adaptación emocional que sigue a una pérdida. La muerte de un ser querido es una de las situaciones más duras que la mayor parte de las personas tendremos que hacer frente a lo largo de nuestras vidas. No solo es un sentimiento de tristeza profunda ante el vacío que deja el ser querido; es un encadenamiento de sentimientos, respuestas emocionales, físicas y de conducta. Podremos sentirnos culpables, ansiosos, tristes; sentir ira, rabia, miedo, soledad e incluso alivio (dependiendo de las circunstancias del fallecimiento). Síntomas físicos como: problemas gástricos, de sueño, de memoria y atención. Todo esto produce una serie de conductas como la evitación de lugares, abandono de relaciones sociales, llanto, agresividad… No hay una manera adecuada de transitar en el duelo. Cada persona tenemos un modo de superación, de adaptación muy personal y diferente. Sí se pueden señalar factores situacionales que podrán predecir un recorrido más largo y duro. Cómo fue el fallecimiento, cómo se responde ante las adversidades, cómo era la relación con el fallecido/a, cuán de significativa era la persona perdida… pueden ser circunstancias de gran impacto en la elaboración del duelo.

En este proceso se pueden diferenciar varias etapas:

  • Negación: mecanismo de defensa para posponer el impacto de la noticia. Lleva a decir y sentir “No quiero, no puede ser…” Da el tiempo necesario para pensar y amortiguar el dolor.

–         Negociación con la realidad: ante la dificultad de afrontar la realidad aparecen pensamientos mágicos, los más primitivos. Son pactos secretos, tratos con la vida para intentar superar el dolor.

Estas dos etapas son intentos para alejarnos de la realidad. Pero fracasan; nos sentiremos agotados y podremos experimentar las siguientes fases:

  • Depresión: con angustia, ideas negativas y profunda tristeza. Nos prepara para aceptar la realidad.
  • Ira: vemos claramente la realidad, nos revelamos contra ella, nos enfadamos. Esta ira puede desplazarse en todas direcciones e inundar nuestras relaciones.

–         Aceptación: requiere el tiempo necesario para superar la tristeza, la realidad interna, externa y entender sentimientos, incluso de envidia por aquellos que no sufren nuestro dolor. Da paso a una etapa de más tranquilidad, que no de felicidad. Puede estar casi desprovista de sentimientos. Se comienza a sentir cierta paz tras el cansancio de luchar por una realidad que es irrepetible… la vida se va imponiendo.

El duelo no es una enfermedad, la enfermedad es no transitarlo, pero puede perturbar enormemente nuestras vidas. Se ha hablado de duelos complicados, crónicos, congelados, exagerados, reprimidos… En estos casos es recomendable iniciar terapia para elaborar un duelo adecuado que nos ayude a situarnos emocionalmente, aceptar la realidad de un modo más ajustado, a regresar a los aspectos de la vida y disfrutar con las cosas que nos gustan sin sentirnos culpables.