Las rabietas

por | 30 enero, 2015

las-rabietasTodos, en alguna ocasión, hemos visto como un “precioso angelito”, que estaba tranquilamente con sus papás, súbitamente se transforma en un ser irreconocible que chilla, llora, patalea…e incluso insulta a todo el que se mueve a su alrededor.

Rabieta, pataleta, berrinche es un momento de enojo y frustración extrema. Es un comportamiento común y normal durante la primera infancia. Entre 12-18 meses empiezan a manifestarse estos arrebatos emocionales teniendo su punto álgido a los dos años para comenzar a disminuir y suavizarse hasta los 6 años. No todos los niños pasan por esta etapa con la misma intensidad, pero su ausencia solo se da en contadas ocasiones.

¿Por qué se consideran normales y adecuadas? Porque los niños están dominando nuevas habilidades, sintiéndose más independientes y autónomos, pero no poseen un lenguaje lo suficientemente desarrollado para expresarnos sus emociones ni son capaces de controlar sus comportamientos. Esta autonomía e independencia les conducirá a oponerse a los límites que les establecen sus padres y en ocasiones les provoca enfados, frustraciones, ira. Estos sentimientos tan poderos son experimentados por todo su ser y con frecuencia agitan todo su cuerpecillo y se tiran al suelo. Conforme las habilidades de comunicación se van mejorando, los berrinches irán disminuyendo.

Cuando la pataleta está montada, lo que vayamos a decir no sirve de mucho. Podemos acercarnos suavemente, todo lo que el niño permita, y decirle: “no nos gusta verte así. Nos quedaremos aquí y cuando se te pase hablamos” En el momento que el niño esté ya tranquilo le pediremos nos explique que le ocurre. Es positivo reconocerle que está enfadado para que identifique su emoción. Posteriormente añadiremos las razones de nuestros límites, el por qué no le dejamos hacer algo.

Otras veces podemos predecir una pataleta, por ejemplo el momento del baño. Cuando el niño está entretenido viendo sus dibujos preferidos, el hecho de tener que ir bañarse le va a enfadar. Si le obligamos sin más, probablemente tenga una rabieta. ¿Cómo podemos actuar? Primero ofreceremos nuestra comprensión. El niño ya comienza a hablar y razonar, por ello es muy útil hablar con él y expresarle que entendemos su razonamiento: “Claro, no quieres ir bañarte ya que estás muy gusto viendo tus dibujos, yo también pensaría lo mismo” (reconocemos sus razones como correctas). El segundo paso será explicarle nuestras razones (que son nuestros límites como cuidadores de niño): “Cariño, lo que ocurre es que después de todo el día en el cole, jugando con la tierra etc. es necesario bañarse antes de dormir”. Tercero podemos idear su participación: ¿Cómo lo solucionamos? ¿Te bañas rápido o te duchas? Así quizás te dé tiempo para poder seguir viendo tus dibujos o jugar…

De este modo el niño podrá tranquilizarse ya que le ayudamos a reconocer sus emociones y sentimientos de oposición a través de nuestra aceptación; luego hemos explicado nuestra postura y por último le dejamos participar en la solución alimentando su sentido de autonomía e independencia pero dentro de unos límites establecidos.